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Conozca 10 tips para que el trabajo en casa no sea una pesadilla


Trabajar desde casa no es tan fácil ni tan idílico como parece. Ahora bien, para que sea una buena alternativa no es suficiente mandar a la gente a instalarse en la sala. Hay pasos concretos que se deben dar.

Dice el dicho: Ten cuidado con lo que deseas, se te puede cumplir. Recuerdo aquellos años en los que en medio del ajetreo de la oficina, los papeles derramándose en el escritorio, el timbre del teléfono sonando sin cesar, el jefe gritando desde su despacho y todas esas maravillas que pueblan la cotidianidad laboral, algunos soñaban lo imposible: despertar plácidamente en casa, ponerse la bata y las pantuflas, encender la computadora y empezar a trabajar.

Adiós baños apresurados, carreras matinales, tráfico, recorridos largos para llegar totalmente fatigados al trabajo, fin a los chismes de pasillo, a las caras de fastidio, a las juntas interminables, al café frío, a los tacones y las corbatas. Se añoraba aprovechar todo ese tiempo perdido, toda esa energía desperdiciada, trabajando pacíficamente desde la casa mientras oíamos la música favorita al volumen deseado, con un café sabroso y siempre caliente. Sería el paraíso, se decía. Incluso, hubo quienes hicieron cuentas de los ahorros en energía eléctrica, en renta de espacios, en papel y jabón para baño que tendría la empresa si un proyecto así se consolidara. Las corridas financieras daban números muy esperanzadores, tanto que hubo quien los analizó en serio y decidió hacerles caso.

Hoy, el trabajo en casa, home office, es una realidad. Mucha gente labora desde su lugar de residencia, desde un café o desde cualquier lugar que le parezca cómodo y agradable y que cuente con conexión a internet. El peligro es que el equipo de trabajo se desenganche, que pierda ritmo. Trabajar desde la casa no es tan fácil ni tan idílico como parece. De repente, el hogar no resulta el paraíso que ensalzábamos desde la lejanía. Hijos, cónyuges o cohabitantes en casa se confunden. Piensan que al ver a alguien trabajando en casa, no está realmente ocupado, y asumen que está como de vacaciones, es decir, disponible. Entonces surgen las tentaciones, las listas interminables de peticiones, de favores. ¿Por qué no vamos al cine?, ¿por qué no vas al súper?, ¿me haces favor de recoger la ropa de la tintorería?, ¿puedes hacerte cargo del plomero?… Después de un tiempo, la oficina no resulta una cueva tan inhóspita, hasta dan ganas de volver a ese vértigo de convivencia diaria.

En la actualidad, muchas las empresas que están optando por el trabajo en casa. Descubrieron que es verdad: los corporativos tienen grandes ahorros en insumos, ya que las necesidades operativas se reducen hasta en un cincuenta por ciento: los espacios requeridos son más pequeños, las necesidades son menos voraces. Además, en efecto, se evita el desgaste emocional y físico infligido por los recorridos de largas distancias. Sí, las ventajas para las empresas son evidentes; sin embargo, no hay que ser ingenuos. El teletrabajo no es tan fácil como conectar una computadora en casa y ya.

Para lograr hacer del trabajo en casa una buena alternativa, no es suficiente mandar a la gente a instalarse en la sala. Hay pasos concretos que se deben efectuar.

En primer lugar, hay que capacitar al personal. La empresa se tiene que hacer cargo de este cambio, debe enseñar a su equipo a trabajar a distancia sin perder la pertenencia ni la concentración ni el paso.

Debe de fijar normas claras para el uso de la tecnología, herramientas y aplicaciones propias de la empresa. De otro modo, se cae en el abuso y se pone en riesgo la confidencialidad de los datos.

Es indispensable que la empresa se haga cargo de ofrecer un servicio de internet ágil que no presente fallas y un equipo de cómputo rápido; además, se deben evaluar qué otras herramientas se necesitan para hacer el trabajo: teléfono, impresora, entre otras.

Hay que establecer objetivos concretos parametrizables, cuantificables y bien definidos. La vaguedad es el peor enemigo de un equipo que trabaja a distancia. Los resultados deben de ser perfectamente determinados tanto en lo cualitativo como en lo cuantitativo.

Es preciso tener una comunicación fluida que prevenga la desmotivación, la indisciplina y la inhibición de resultados.

Se deben respetar los horarios. No se vale llamar fuera de horarios de trabajo ya que eso invade un espacio de privacidad no acordado.

Por su parte, los empleados:

Deben ser conscientes de lo que implica el compromiso de estar trabajando a distancia. La responsabilidad es el valor más importante para trabajar desde casa.

Es imprescindible no confundir la comodidad con la falta de responsabilidad. Se debe estar siempre disponible para comunicarse con los supervisores, establecer horarios de oficina, cumplir con ellos y no combinar tareas laborales con personales.

La disciplina es un factor de éxito que se debe atesorar. Hay que seguir un horario de trabajo y apegarse a él sin excusas, sin pretextos. Esto significa, empezar puntual y terminar puntual. Hay una gran tentación para trabajar a deshoras o para extender la jornada laboral y eso no es saludable.

Se debe crear un espacio para trabajar, preferentemente en un lugar cerrado, que esté alejado de distracciones como la televisión, consola de juegos, mascotas, niños. También es importante tener una silla cómoda, pero que no invite al sueño. Preferentemente el lugar deberá contar con una puerta con llave que separe la vida familiar de la laboral. Es una especie de santuario que debe ser respetado por los demás miembros de la comunidad familiar.

El trabajo en casa es una buena opción; sin embargo, no es para todo tipo de empleos ni para todas las personas. Lo que para unos es una bendición, para otros resulta un castigo. La etapa de transición para una persona que ha estado habituada al ambiente de oficina es dura, no se adaptan fácilmente. Muchos terminan despachando desde un café porque no cuentan con espacio en su domicilio y la confidencialidad de muchos datos queda comprometida. También he visto casos en los que padres y madres trabajan en lugares de convivencia familiar y el resultado son documentos manchados de chocolate, o con huellas dactilares infantiles.

Asimismo, hay empresas que han optado por el teletrabajo y han vuelto a la forma tradicional, regresando a sus empleados a sus oficinas. No todo lo que brilla es oro y antes de optar por el trabajo en casa hay que hacer una seria reflexión, con independencia del lado de la línea de toma de decisiones que se encuentre cada quien. Si es por parte de los ejecutivos de la empresa, es necesario seleccionar bien a los que trabajarán a distancia. Si son empleados hay que pensar si se cuenta con las características y la infraestructura para irse a trabajar a la casa.

Es verdad, muchos de mis amigos escritores hacen del trabajo en casa su modo de operación, los diseñadores encuentran grandes ventajas y conozco a muchos que trabajan en soporte técnico desde la comodidad de su hogar. Muchos son trabajadores independientes que se contratan por evento y otros están empleados en una compañía. Ellos no ven ninguna dificultad en aprovechar las ventajas de la tecnología y disfrutan al máximo cierto grado de libertad.

Insisto, hay que tener cuidado con lo que se desea, ya que en estos tiempos es muy fácil que se convierta en realidad. El análisis cuidadoso puede hacer que ese sueño sí se convierta en una linda realidad o, en todo caso, prevenir una pesadilla de la cual no podamos despertar.

La autora es Cecilia Durán Mena, consultora, conferencista, capacitadora y catedrática en temas de Alta Dirección. También es escritora. Puedes escribirle vía correo electrónico a ceciliaduran@me.com

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