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El principio de incompetencia


Competencia es la posibilidad de hacer las cosas bien, de ser original e innovador. Pero ¿qué pasa cuando el contexto no acompaña?


Cuando abrió la caja que luego se haría famosa, Pandora fue incompetente y dejó escapar todos los males que asolan a la humanidad. Pero al menos logró atrapar los antídotos: la esperanza y el optimismo: creer que se tiene la voluntad y los medios para alcanzar los fines, tener la capacidad de motivarse, de sentirse hábil para lograrlo, de pensar en positivo y de poder reducir tareas complejas a segmentos manejables.

Competencia es la posibilidad de hacer las cosas bien, de ser original e innovador. Pero ¿qué pasa cuando el contexto no acompaña?

Competitividad: condiciones de la cancha y reglas del juego. Hay un corto publicitario donde jugadores de fútbol y básquet enfrentan a ciegos y paralíticos con vendas en los ojos y en sillas de ruedas y son derrotados. El mensaje es: “la discapacidad depende de las reglas del juego”.

Si el estado de la “cancha” nacional es malo, tiene pozos o está embarrada, los que se están obligados a jugar allí, no pueden competir con los que operan en excelentes estadios. Los recursos naturales son ventajas comparativas, como poseer las mejores tierras, petróleo, etc., pero la productividad de esos recursos puede ser baja. Muchas empresas no son competitivas porque luchan en condiciones desfavorables: corrupción, impuestos regresivos, leyes desventajosas, tarifas y créditos caros, inseguridad jurídica. Y no pueden ser competitivas en un mundo globalizado.

Educación no competitiva. Unesco presentó los resultados de un estudio comparativo que mide el nivel de aprendizaje de alumnos en quince países de América latina. La introducción de computadoras en el aula no generó una mejora consistente en el nivel de aprendizaje de los alumnos.

Fue, por ejemplo, porque reemplazar el prehistórico cuaderno de clase por tomar notas en sus notebooks, no mejoró su capacidad de redacción.

Las computadoras abren posibilidades asombrosas para reinventar la educación y transformar el nivel de aprendizaje. Pero ese cambio no se logra haciendo lo mismo que antes, con un cambio cosmético. Para aprovechar esta oportunidad habría que incorporar la multisensorialidad, la interactividad e incluso la competencia como en los videojuegos. El hardware solo no genera el cambio. El desafío está en crear el software.

Las instituciones educativas deben convertirse en comunidades de producción de conocimiento útil para el desarrollo de habilidades como la capacidad de discriminar, interpretar y utilizar la información. Las TICs utilizadas como herramientas pedagógicas pueden potenciar la experiencia educativa, promover la comunicación y democratizar el conocimiento. Se precisan acciones políticas para incentivar la profesión docente que restituya a los educadores el prestigio social perdido. Cada cual según su responsabilidad y competencia, pero trabajando mancomunadamente, gobierno, empresas y organizaciones civiles deben velar por el acceso equitativo a una educación de calidad para que, de este modo, puedan poner el conocimiento al servicio del desarrollo cultural, social, económico, político e institucional. Las estrategias seguidas en las últimas décadas no fueron siempre las mismas, pero las une un hecho: fracasaron de forma sistemática en promover la competitividad.

El Reporte de Competitividad 2015 de la consultora Abeceb, estimó que la Argentina se ubica en el puesto 38° de un ranking de 42 países. El ranking mide ambiente macroeconómico, marco regulatorio de los negocios, estructura de base, innovación, inserción internacional y marco institucional. Detrás de Argentina están Indonesia, Brasil, India y Venezuela. Todos estos países coinciden en presentar marcos regulatorios e institucionales débiles, estructura de base deficiente y bajo grado de innovación.

El principio de Peter. Analiza la falta de competitividad en la administración interna de las organizaciones. En las estructuras jerárquicas, cualquier empleado asciende hasta su nivel de incompetencia. Así es como el mejor vendedor es ascendido a jefe, pero que alguien sepa vender no significa que sepa dirigir, así como un gran jugador de fútbol no es necesariamente un buen técnico. Los empleados que se quedan escalan hasta alcanzar su nivel de incompetencia y una organización para tener éxito depende de empleados que aún no fueron promovidos a incompetentes.

Lo que agrava el problema es la dificultad de reconocer la propia incompetencia. Esto lleva a autoevaluarse de modo exageradamente positivo.

Vivir convencido de que todo sale bien es una ignorancia que el sujeto considera conocimiento. Cree que puede opinar sobre cualquier cosa sin saber que es inepto en lo que afirma conocer. La paradoja es que hay que tener pericia en ese algo para advertir que se está equivocado.

Pero está ciego frente a su propia incompetencia. La sensación de conocimiento no tiene nada que ver con el saber real. Creerse ignorante sobre algo es mejor que tener conocimientos errados sobre el tema, ya que esta opción provoca una confianza muy peligrosa.

Las incompetencias sociales. Hay gente con suficiente competencia profesional y con perfecta incompetencia social, son incompetentes bien preparados. La educación no les enseñó a vivir en sociedad ni aprender a convivir. Pueden tener un título universitario y terminar trabajando para un empresario que apenas terminó la escuela primaria.

Generar lazos sociales es un valioso activo intangible. Sin embargo proliferan técnicos capaces que provocan rechazo. En sus contactos (sin tacto) uno más uno es igual a cero, tal como les sucede a las parejas enojadas o equipos en conflicto. La percepción negativa que provocan hace que su interlocutor no escuche lo que dice.

El primer paso es darse cuenta. El feedback con la realidad impide al error convertirse en hábito. Los cursos de inteligencia social incluyen role playing, sociogramas, expresión corporal, stand up, PNL, sensitivy traning, capital social, entre muchos otros.

Las debilidades deben convertirse en virtudes y las fortalezas ser desarrollarlas. Las amenazas y las oportunidades están en el entorno. Las amenazas se transforman en oportunidades cambiando la visión negativa de la botella medio vacía por el enfoque creador de la botella medio llena.

Las oportunidades aparecen cuando aflora la intuición. Todo individuo es un aliado estratégico potencial cuando las relaciones mecánicas, condicionadas por la tarea, se convierten en redes de alto valor agregado, generadas por la comunicación, la creatividad y el compromiso gana-gana. Las empresas promueven la inteligencia social según cómo conforman los grupos de trabajo. El amiguismo debe dejarse de lado en el camino hacia la alta competencia, agrupando individuos complementarios en sus aptitudes. Creativos que generen las ideas, analíticos que elijan las mejores, ejecutivos que las lleven a la práctica y sociales que sepan tejer los lazos internos y externos del grupo.}

Así se podrá crear el todo social que resulte superior a la sumatoria de sus partes.

Cómo se pierde competitividad. En algún punto de la puesta en práctica del conocimiento, algo mata lo que se aprendió, la posibilidad de aplicar lo aprendido, aunque la metodología de enseñanza, la calidad docente y el interés por el tema hayan sido aptos. Está todo bien pero no se siguió ni se apuntaló el aprendizaje, los jefes no conocían los contenidos ni promovieron su aplicación. Es complicado transferir algo cuando se perdió la motivación para aplicarlo. La vorágine del día a día impide cambiar. Y se dice: “esto lo debería aprender mi jefe”. Los cursos son como un retiro espiritual, uno sale muy motivado, pero choca con que no resulta sencillo aplicar lo aprendido y se termina abandonando el intento.

La organización atenta contra ello, mientras se trabaja para incorporar algo nuevo, una suerte de instinto de preservación lleva a detener los cambios. Así se mata la aplicación del aprendizaje. El tema concentra la atención de los especialistas y líderes atentos a los resultados.

Conocer la verdad. Así como el pez es el último en darse cuenta que el agua existe, ya que es su medio natural, lo habitual genera adormecimiento y uniformidad. Compararse con los modelos de la excelencia mediante un proceso sistemático denominado benchmarking, permite descubrir las mejores prácticas y hacerlas propias.: 1) ¿Qué mejorar? 2) ¿Cómo elegir el modelo? 3) ¿Cuán es la diferencia que nos separa? y 4) ¿Cómo cerrar la brecha? La mayor incompetencia es elegir el camino incorrecto, lo que se hace más que cómo se hace. Elegir el blanco o modelo es crucial para poder comparar costos, tiempo y calidad. Bernard Shaw decía: “hay gente que ve las cosas como son y se pregunta ´¿por qué?´. Yo sueño con cosas que nunca han sido y me pregunto ¿por qué no?”

El hombre es un animal de costumbres. El primer mandato que recibe como inevitable es aceptar con la cultura del ejemplo, las lecciones que brinda la familia. No se rebela: “es lo que merezco, debo aceptar lo que me toca, no hay alternativa, es así y punto”. Es lo que le enseñaron pero también lo que aprendió, lo que lo motiva y lo que teme. Los mandatos configuran su vida aunque no son sus deseos profundos. Si hay un temor común es al rechazo, a sentirse excluido. Pero las lecciones pueden desaprenderse. Hay posibilidad de progreso y ascenso, es posible el cambio.

Y mata su productividad cuando no aplica en la vida diaria lo aprendido. Empieza muy emocionado, trata de hacerlo pero todo queda en el baúl de los recuerdos. No sabe convertirlo en hábito y eso lo torna inviable. Cambiar los malos hábitos por los buenos o incluir nuevos hábitos positivos es transformarse, que el cerebro reconecte las sinapsis y que lo nuevo se vuelva automático. Una completa reevaluación de lo que hace día a día, de su sistemas de recompensas por el que funciona su cerebro y todas las acciones que lo auto-sabotean ¿Cómo se logra eso?

El desafío de la productividad. Según la teoría tradicional, los menos productivos incrementan su productividad más rápidamente porque pueden adoptar tecnologías avanzadas por medio del aprendizaje, sin incurrir en costos de investigación. El principal desafío es diagnosticar las causas y atacarlas de raíz con políticas de productividad específicas centradas en los defectos básicos. Si bien los impedimentos para incorporar mejoras tecnológicas son parte del problema, la productividad agregada también depende de la eficiencia con la que los insumos educativos apoyen a los individuos. Los habitantes de latino américa han pagado un costo alto por la rebaja productividad que ha frenado su crecimiento Es hora de formular políticas dirigidas al estímulo del crecimiento sostenible, de la prosperidad y darle paso a la era de la productividad.

Gestiona tu bien. Administrar, en sentido amplio, es conseguir que se hagan las cosas y Relaciones Públicas es hacer las cosas bien y hacerlas conocer. Cuando la rutina nos domina olvidamos que debemos mejorar nuestra capacidad, que no es cuestión de trabajar más sino de trabajar mejor. El conocimiento, el querer y la voluntad valen pero los métodos son la mayor riqueza del hombre. Para generar productividad y competencia debemos aprender a modificarnos. El aprendizaje permite adquirir destrezas y aplicarlas. La capacitación nos permite “afilar el hacha” y superarnos en un recorrido sin retorno hacia el desarrollo de la productividad y de la competitividad.

La productividad es el grado de optimización de los recursos en la producción de bienes y servicios y se traduce en obtener más cantidad y/o calidad, o menor costo. Competitividad es la capacidad de lograr más rentabilidad que los competidores. Esto se traduce en poder ofrecer un producto o servicio al mejor precio. Eficiencia implica la ejecución de tareas en forma disciplinada con una alta calidad en el menor tiempo posible. Se puede ser eficiente pero con un resultado no efectivo al no conseguir los resultados deseados. Mientras que la eficacia, sería el grado de obtención del resultado deseado aunque no se hayan ejecutado las tareas con tanta eficiencia. La competitividad se alcanza a través del precio, calidad, management etc. La productividad está relacionada con la tecnología y las funciones de producción. Mientras más competencia exista en un mercado, las empresas para sobrevivir deberán ser más productivas y producir a los menores costos con la mayor calidad posible. Es el secreto del Capitalismo. La competitividad es la rivalidad en la consecución de un fin. Tratar de ser el más barato implica ser más eficaz en el control de métodos para obtener productividad. Productividad y competitividad deben ser las dos caras de la misma moneda o triunfará la incompetencia.

El autor es Dr. Horacio Krell, CEO de ILVEM, mail de contacto, horaciokrell@ilvem.com

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