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Un pasito a la vez: la otra forma de poner tu propio negocio


Según empresarios exitosos, la base para poner un negocio propio es estudiar y prepararse financieramente, y creo que, a la larga, definitivamente será necesario, pero ésa no es la única manera de comenzar. Otra forma es dar un pequeño paso a la vez…


Muchas personas quisieran poner un negocio propio. Algunas no lo hacen porque no saben por dónde comenzar; otras nunca lo harán por el miedo que tienen a arriesgar, pero también están las que sí lo hacen e incluso renuncian a su trabajo o usan el dinero de su liquidación para emprender. Aunque varios de estos casos son exitosos, yo personalmente no estoy completamente de acuerdo con ninguna de esas tres posturas.

Entiendo que los rendimientos que hoy en día dan las inversiones son tan bajos que las personas buscan otras fuentes de ingreso, y un negocio propio parece una buena idea, pero para tener un negocio se requieren cualidades, competencias, habilidades y experiencias diferentes de las que tienen los empleados o trabajadores. Incluso la mentalidad tiene que ser distinta: por definición, los empleados valoran más la seguridad, y por eso están dispuestos a tener un techo temporal en sus ingresos (su salario) a cambio de recibir un ingreso “seguro” cada quincena; los emprendedores, en cambio, están dispuestos a correr grandes riesgos porque saben que potencialmente pueden ganar más dinero.

Es por ello que algunos empresarios exitosos dicen que la base para cualquier persona que quiera emprender en su propio negocio es estudiar y prepararse financieramente; esto desanima a personas que tienen un empleo porque no tienen tiempo de educarse financieramente, no saben cómo o les parece una materia muy complicada.

Yo creo que, a la larga, definitivamente será necesario adquirir educación financiera, pero me parece que no es la única forma de comenzar. Otra forma es dar un paso pequeño a la vez. Déjame explicarte esto con un ejemplo:

Tengo una amiga que adora bailar (la llamaré Linda). Cuando Linda era muy jovencita, todos los fines de semana salía a bailar. Luego se casó, tuvo hijos y comenzó a trabajar en una empresa, pero decidió continuar con su pasión y se inscribió a clases de baile. Un día decidió que en lugar de tomar clases era mejor dar clases en su tiempo libre, así que puso un anuncio. Llegaron dos alumnas y les daba clases en la sala de su casa.

Meses más tarde, Linda generó suficiente dinero para rentar un local pequeño, y poco después ya tenía varias alumnas más, así que rentó un local más grande. Pasaron algunos años, y hoy ya tiene su propia academia de baile: da clases en su tiempo libre y los fines de semana. Contrató a algunas maestras que le ayudan, y está generando buen dinero. No ha renunciado a su empleo, pero definitivamente su calidad de vida ha aumentado.

¿Qué nos dice esta historia? Hay varios mensajes y aprendizajes que te pueden servir:

1. Linda encontró su pasión (el baile) y la convirtió en una afición (tomar clases).

2. Después convirtió esa afición (tomar clases) en una afición pagada (dar clases).

3. Al principio recibía muy poco dinero, pero no gastó ni un solo peso (recuerda que tenía su empleo). Ahorró todo ese ingreso extra hasta que le alcanzó para poner un local pequeño.

4. Al poner su local, siguió ahorrando sin gastar un solo peso (vivía de su empleo) hasta tener suficiente para poner su academia.

5. Cuando tuvo su academia, por fin pudo considerar eso como una fuente de ingresos real (al principio, el dinero que generó era sólo para invertirlo).

Hay dos puntos clave de la historia: enfocarte en tu pasión y no gastar ni un centavo de lo que recibas al inicio. La primera es importante porque si es algo que de verdad te gusta hacer, en forma natural lo vas a hacer muy bien, pues definitivamente será algo que esté ligado a uno de tus talentos, y si lo haces tan bien, alguien estará dispuesto a pagar por ello.

Busca una afición que tengas, que sea aquello que realmente disfrutes hacer en tu tiempo libre (que incluso seas capaz de levantarte temprano los fines de semana para hacerlo o hasta serías capaz de pagar para ello, como cuando Linda tomó clases de baile). Entonces convierte esa afición en una afición pagada (por la que recibas dinero), y al final conviértela en una fuente de ingresos adicional. Genera recursos en tu tiempo libre de esa forma y reinvierte lo que generes. Por favor, no te gastes ni un centavo: ése es el segundo punto clave.

Este segundo punto clave es crucial, porque si te gastas el dinero que generes, lo único que lograrás será aumentar tu nivel de gastos, y tu “negocio” nunca logrará serlo y se volverá muy estresante para ti. ¿Verdad que no podrías ni deberías esperar a que tu hijo genere ingresos a los dos años de edad? Pues tampoco lo puedes esperar de tu negocio, que también es tu creación y también necesita madurar. Ahora… vale la pena esperar, ¿no crees?

El autor Arturo Luna es Director en el área de Retiro de Mercer en la Ciudad de México. Participa en diversos proyectos de consultoría actuarial para grandes empresas del mercado nacional.

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