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Nos subimos al auto autónomo de Google, y es… peculiar


Probamos el prototipo del auto de conducción autónoma en las instalaciones de Google, he aquí lo que vivimos.


El auto autónomo de Google emite un zumbido. Tienes que acercarte para escucharlo, pero si pegas la oreja al cofre, justo a la derecha de su nariz de koala, puedes oír un ronroneo suave, resonando cada segundo.

Es un detalle sorprendente. El mundo ha visto un auto prototipo de Google en fotos –el sucesor fabricado dentro de sus oficinas que reemplazó al Lexus RX450h autónomo con el que Google comenzó– pero apenas ha empezado a ser exhibido a los periodistas, un grupo de 25 personas con el que recorrí el techo del edificio de Google X en Mountain View, California, esperando dar un vuelta de prueba a bordo de él.

Yo ni siquiera había pensado en cómo podría sonar el auto prototipo. Es un sonido claramente tranquilizador. Me acerqué a uno de los ingenieros de Google y le pregunté qué es. “No me cites”, dijo, “pero creo que es el sonido de una ballena.”

Google confirmó más tarde que no es sólo una ballena, sino una orca –un depredador cuyo llamado corresponde más al de una máquina que al de un animal. Pero aquí, donde sirve como el sonido que debe hacer un auto eléctrico súper silencioso para advertir de su presencia, ha sido distorsionado y domesticado para convertirlo en un suave ronroneo.

El auto tiene la forma de un cupcake con una gomita en el toldo, una gomita que alberga un sensor que captura el entorno en 360 grados a dos campos de futbol de distancia con la misma facilidad en el día o en la noche. Cuando entras en el auto te recibe un vacío en donde deberían ir los pedales y el volante, una pantalla pequeña te distrae en su lugar. En ella se pude leer “Let’s go!” y una regresiva antes de que el auto tome el mando y empiece a avanzar. Cuando llegas a tu destino, se detiene y agradece en una notificación de voz “Thank you for riding. Bye Bye!”

“El diseño y la forma del vehículo están pensados para ser amigables”, dijo Chris Urmson, director del programa. “Si lo comparas con un SUV negro manejando por tu vecindario, creo que es una experiencia muy diferente. Esperamos que ayude a introducir la tecnología en el mundo real.”

Urmson dijo que es probable que el aspecto koalesco no vaya a durar por mucho tiempo. Pero eso no importa. En estas etapas cruciales –prototipos que están obligados a contar con un volante y pedal de freno cuando circulan en público, como empezaron a hacerlo en las calles de San Francisco en junio y en Austin en septiembre– el auto juega su papel más importante: el de vocero para el para el futuro, portando la cara suave de lo desconocido. Es lindo a propósito.



La reunión con la prensa fue la fiesta de debut del auto. (Tal vez no es casual que el auto vistiera de blanco.) Después de una presentación de dos horas y un panel de discusión entre los investigadores de Berkeley y el cofundador de Google Sergey Brin, el grupo subió a un estacionamiento en la azotea del edificio, en donde el prototipo hizo su baile coreografiado.

Los periodistas entraron en los autos de dos en dos. Sara Hannigan, una “conductora de seguridad” de Google que pasa la mayor parte de su tiempo viajando a bordo de los autos mientras circulan en la vía pública, dijo a los periodistas que mantuvieran sus brazos y piernas dentro del vehículo y les advirtió de no tomar video de los interiores. Pulsa el botón redondo de color negro en la consola central, dijo, y empezarás a moverte.

El auto comienza a moverse suavemente alrededor de las farolas durante un viaje de dos minutos siguiendo una ruta preprogramada. Otros tres conductores de seguridad repartidos por todo el estacionamiento –uno a pie, otro en una una bicicleta multicolor de Google, y otro en un auto– se ubicaron en varios puntos delante del auto, lo que le llevó a frenar suavemente. El auto alcanza un máximo de 40 kilómetros por hora y nunca hizo un movimiento repentino. Todo el viaje se sintió como un paseo en Disneyland.

A medida que más autos de Google son avistados en las calles, la compañía probablemente continuará su campaña para que se sientan normales, inteligentes y seguros. Urmson y su equipo citaron algunos ejemplos favoritos de escenarios sorpresa que el auto se ha encontrado y evitado: ciclistas que se pasan un semáforo en rojo, gente saltando de baños portátiles y la caja de una pick-up y una mujer en una silla de ruedas eléctrica que perseguía a un pato en medio de la la carretera. (Muchos de esos casos fueron tocados por Ursom en su TED talk a principios de este año.) Los autos ahora pueden interpretar una indicación de vuelta de un ciclista y distinguir entre las luces intermitentes de un autobús escolar y las de una patrulla de policía. Los autos de Google, tanto el Lexus como el prototipo, han acumulado 2 millones de kilómetros en la vía pública y hacen el equivalente a un año humano todas las semanas.

Lo que está menos claro es cuándo y cómo la tecnología del auto llegará a los consumidores, y cómo navegará por las incógnitas que representan el seguro, la responsabilidad y la ética. Urmson dice que quiere hacer que los autos estén disponibles antes de su hijo de 12 años pueda obtener una licencia de conducir, lo cual ocurrirá a los 16. Hizo hincapié en que Google planea trabajar con los fabricantes de automóviles, que todavía están preocupados de que el gigante de las búsquedas vaya a cambiar de opinión y decida finalmente competir con ellos. (Lo hizo, después de todo, al construir el koala por su cuenta.)

Cuando un periodista preguntó si Google haría su tecnología de conducción autónoma de código abierto, Urmson no hizo ninguna promesa. “El trabajo que estamos haciendo hoy en día sigue siendo propietario”, dijo. ¿Qué pasará con los consumidores que usan los autos, podrán comprarlos o serán enviados a la carta como un Uber? El resultado del segundo modelo, dijo Brin, es que permitiría a más personas probar los autos y permitiría a Google darles mantenimiento entre viajes.

No es sorpresa que Brin, quien se ha alejado de las tareas del día a día en Google, haya mostrado personalmente cuán interesado está en el proyecto y su futuro. “Creo que el potencial de los autos cambiará la forma en que funcionan las comunidades, la forma en que muchas personas son marginadas del transporte hoy. Creo que ese día se acerca”, dijo Brin. “Estoy súper emocionado por ello.” Después de todo, Google acaba de reestructurarse para poder prestar más atención a sus “moonshots”, y ninguno es tan tentador –y, por lo tanto, cada vez más palpable– que sus autos autónomos.

Este artículo de Ellen Huet apareció publicado originalmente en la revista Forbes

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