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No va a andar


Mientras que la Ley de Murphy afirma que todo va a salir mal existe la contraria. La Ley de la atracción explica que todo lo que pensamos se convierte en realidad. Son leyes que de tales solo tienen el nombre ya que los enunciados científicos y los pseudocientíficos deben estar sujetos a verificación empírica y caen ante cualquier experimento u observación que prueben lo contrario.

Mientras un delincuente planifica el delito, el accidente es fortuito, pero hay factores que los promueven. La prevención disminuye el impacto de los errores humanos. Naturalizando el peligro se lo oculta, tanto al referirse a él como fatalidad, desgracia, tragedia, o como si fuera cuestión de suerte. Hay que construir la cultura de la prevención. El antídoto contra la ley de Murphy es ser previsor en los detalles.

La ley de la atracción no es nueva, ha recibido distintos nombres a lo largo de la historia: pensamiento positivo, poder de la intención, ley de la abundancia, etc. La idea base es que el pensamiento produce aquello que imagina. Argumentos como: ¿Usted nunca se preguntó por qué el 90% de las riquezas están en manos de tan solo el 1% de la gente? La explicación está en “El Secreto”, un documental/testimonial que busca demostrar que todo se basa en la Ley de Atracción, un secreto que ha viajado por el tiempo a través de los siglos. Usa testimonios, experiencias y entrevistas a especialistas en transformación personal, maestros espirituales, expertos en generar riqueza, matemáticos, físicos cuánticos, etc.

Los principios de la Ley de Atracción plantean que los sentimientos y los pensamientos se materializan como hechos, desde las interacciones con el cosmos o con las personas. La película hace referencia a la tendencia de la gente a esconder al público este principio básico. Ya sea que usted posea o no conocimientos acerca de los últimos descubrimientos de la física cuántica, este documental pone a su alcance la forma práctica de aplicar la ley de atracción en su vida cotidiana, y de manera consciente.

Vivimos en sociedades visuales donde casi nadie lee, por eso el atractivo y crecimiento de la idea se multiplica por su producción audiovisual que le dio un toque de misterio y la posicionó como una fuente de información que derriba mitos a través de su circulación por internet.

Plantea que la gordura deviene de pensamientos negativos y no por aquello que se come. Otros piensan que quien come comida basura dispara contra sí mismo. El dilema es suponer que uno crea su propia realidad según lo que piensa y que así hasta provoca sus propias enfermedades.

La cultura de la felicidad. El secreto de la Ley de la atracción forma parte del movimiento por la felicidad que estuvo presente desde los albores de los EEUU y con su consecuente “sueño americano”. Los norteamericanos creen en la libertad y piensan que la felicidad es un derecho natural, que les pertenece y la buscan de cualquier manera. Por eso la industria de la autoayuda recauda 9500 millones de dólares anuales. Lo mismo ocurre con los medicamentos antidepresivos y con los estimulantes del sexo y el alto rendimiento.

¿Pero funciona? El efecto placebo existe. Alguien cree en algo falso o dudoso y la psiquis transmite una energía al cuerpo que lo acepta como un santo remedio. A veces sirve para tomar conciencia de que así no se puede seguir. La rana puesta a calentar a fuego lento se muere porque su sistema inmunológico no detecta los pequeños cambios, en cambio cuando es arrojada en agua hirviendo salta inmediatamente. Usar el placebo es una estrategia que puede funcionar si se le suma un plan. Desarrollo no es lo que tenemos sino lo que hacemos con lo que tenemos.

El inconveniente de la teoría de la atracción es que debes creer que lo que quieres es tuyo de antemano. Para muchos no es simple porque tienen miedo, vergüenza y desconfianza de sí mismos. Pueden decir soy rico pero tienen mentalidad de perdedores y eso no lo cambia la Ley de la atracción. Tampoco funciona cuando eligen algo que es contrario a su escala de valores.

Sin embargo es sabido que el enfoque positivo produce cambios favorables en la salud y el bienestar. La confianza en el placebo, la píldora mágica, es lo que le confiere poder curativo. El cerebro recuerda y asocia el momento en que la ingiere con algo que alguna vez lo curó y así facilita el camino a la curación. Lo que contradice la ley es que el efecto placebo sólo funciona en pocos casos.

Las creencias absolutas paralizan la mente. Esto implica que hay que estar atento a lo nuevo para abrirse a creencias alternativas. No tenemos la varita mágica pero los poderes psicológicos cambian la conducta cuando asocian el hemisferio emocional y creativo con el lógico y conservador. El pensamiento positivo no funciona si va de la mando de la negación de la realidad. Que la técnica de visualización con imágenes guiadas no haga olvidarnos de tomar los remedios. El valor de una terapia cognitiva reside en el realismo. No basta con desear algo para que suceda.

Una persona puede enfatizar lo positivo, al sentirse realizada puede tener experiencias negativas sin considerarse por eso fracasadas. Es por eso que están en mejores condiciones para aplicar la ley de la atracción. Pero lo negativo tiene su lado positivo y viceversa.

Un labrador tenía un caballo que había heredado. El caballo se escapó, dejando al hombre sin animal para labrar la tierra. Sus vecinos se lamentaron de su mala suerte. ¿Cómo saber si fue una desgracia preguntó el labrador? Una semana después, el caballo retornó con una hermosa yegua. Todos acudieron a felicitarlo por su suerte ¿Pero cómo podéis saber que es una bendición? El hijo del labrador decidió domesticar a la yegua, pero ella saltó de una manera inesperada y el muchacho cayó rompiéndose una pierna. Los vecinos retornaron dando sus condolencias al padre diciendo que todos estaban muy tristes. El hombre agradeció la visita y preguntó: ¿Cómo podéis saber si ha sido una desgracia? Al mes se declaró la guerra y reclutaron a todos los jóvenes excepto al hijo del labrador que estaba con la pierna rota. Ninguno retornó vivo. El hijo se recuperó, los dos animales dieron crías que fueron vendidas y rindieron un buen dinero. El labrador pasó a visitar a sus vecinos para consolarlos y ayudarlos. Y los hombres de aquella aldea entendieron que, más allá de las apariencias, la vida tiene otros significados.

Quien no enfrentó retos, no está preparado para afrontar desgracias. El secreto de una vida exitosa es poder afrontar las adversidades y servirse de ellas. Resiliencia es la capacidad para superar circunstancias traumáticas y salir fortalecido.

No va andar: ¿Funciona o no funciona? La ley de la atracción funciona para los que creen en ella. Para el resto debemos contentarnos con saber que el cerebro es capaz de eso y mucho más pero hay que conocer sus diez secretos:

Aceptar los errores y defectos sin jactarse de ellos. Adoptar una actitud optimista (aprender de las buenas y de las malas). Ser realista (tener los ojos en el cielo y los pies en la tierra). Agradecer lo que se tiene. No prejuzgar. Observar lo que pasa, lo que se oculta a la mirada. Soñar razonablemente, relajarse y hacer algo para conseguirlos. Fabricar ideas y relaciones productivas. Y tomarse la vida con una sonrisa.

La Ley de la atracción no va andar en muchos casos aunque la persona tenga pensamientos positivos. Un abogado puede querer atender gratuitamente a todos los discapacitados pero su gentileza puede no valer nada para el que no paga por su servicio. La clave está en involucrarse tras la felicidad, no en la conquista. La felicidad no está en la estación a la que se arriba sino el modo de viajar.

Hacer lo que a uno le gusta puede no rendir en dinero pero produce bienestar. Levantarse cada mañana con entusiasmo y ganas de vivir es la clave de la inteligencia emocional. El estado de flujo sucede cuando el cuerpo y la mente se alienan en un esfuerzo voluntario para lograr algo que valga la pena. Las experiencias previas no siempre son agradables pero son piedras en el camino. Romper con cábalas y recursos mágicos es empezar a vivir. La alegría está en los logros alcanzados, en la emoción del esfuerzo creativo y estratégico. No está en el dinero que se posee.

Benjamín Franklin veía las cosas de otro modo, para él la alegría depende de virtudes como templanza, orden, resolución, laboriosidad, sinceridad, justicia, moderación y humildad. El decidió convertir las virtudes en hábitos por medio de la práctica y las afirmaciones por escrito. Los pensadores modernos vinculan todo con el dinero. Creen que es muy enriquecedor pensar que uno puede controlar su propia existencia, tener un propósito y dejarse llevar por él. Después se preguntan, si otro lo consigue ¿por qué no puedo hacerlo yo también?

Como demuestra la experiencia de los grandes hombres a los pensamientos hay que hacerlos posibles mediante la acción. No hay peor intento que el que no se realiza, ya sea por miedo o por la falta de un interés genuino. Así como no admitimos que un edificio se construya a ojo, dejamos que las cosas funcionen al azar. Planear no es un don que se lleve en la sangre, hay que tomar conciencia de su valor. Para Séneca no existen vientos favorables si no se sabe a qué puerto se quiere llegar. Un buen plan no registra prioridades en la agenda, adapta la agenda a las prioridades. Construyamos entonces buenos proyectos, ya que si fallamos al planear planearemos fracasar. Inteligencia no es sumar las inteligencias individuales sino organizarse para desarrollar el capital. Inteligencia es gestionar la capacidad propia y ajena para promover el bienestar.

El secreto es la respuesta ante el azar. El optimista aplica el principio de Pandora según el cual la esperanza es el antídoto contra todos los males y aprende a volcar las situaciones a su favor. No descuida su capacitación ya que las olas y los vientos siempre están del lado del marinero más capaz. Tampoco rebaja la claridad de su visión porque las olas y los vientos sólo colaboran con el que conoce a qué puerto quiere arribar.

No hay suerte para el que no sabe bucear en el mundo interior para conocerse a sí mismo. Concentrarse en metas equivocadas hace contraer una deuda con el “banco interno”, que es el que presta la energía. Si este compromiso no se cumple la deuda se paga con estrés y se llama mala suerte.

Con respecto al futuro podemos elegir un rol pasivo y convertirnos en hojas arrastradas por el viento. Lo ideal es transformarnos en los arquitectos creadores de nuestra buena suerte. El pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie, el realista ajusta las velas.

El autor es Dr. Horacio Krell, CEO de ILVEM, mail de contacto, horaciokrell@ilvem.com

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