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Vasco Mendonça: una joven promesa en el mundo de la ópera


“Cuando recibí el correo invitándome a formar parte del programa, la verdad pensé que era spam. Al darme cuenta de que no era, me sentí muy honrado de que mi trabajo y mi esfuerzo fueran reconocidos”, cuenta Vasco sobre el año que pasó como discípulo de Kaija Saariaho en el programa de Mentors & Protégés de Rolex. Es el primer portugués elegido para este exclusivo programa que impulsa a los jóvenes talentos en las distintas expresiones del arte.


Mendonça no es nuevo en el mundo de la música. El portugués es un compositor consolidado que ha colaborado con algunas de las compañías de música más importantes de Europa, como Music Theatre Wales. No obstante, asegura que aún tenía mucho que aprender para poder dejar su marca en el mundo del arte, al que califica como altamente competido.

Aunque su carrera comenzó por su amor al jazz, Vasco cuenta que poco a poco comenzó a inclinarse más por la música clásica, por lo que trabajar a lado de Kaija le ayudó a encontrar aquellos detalles que le faltaba pulir de la ópera que recientemente concluyó y que comenzará a presentar ahora que ha terminado el año de tutoría.

“Crear música es algo muy personal y el estilo de Kaija y el mío es muy distinto, no por ello significaba que yo fuera a cambiar mi estilo, sino que gracias a su paciencia y a su experiencia yo pudiera perfeccionarlo”, comenta el portugués de 38 años.



Las sesiones que realizaban, cuenta, eran más como una conversación. Algo que consideró muy enriquecedor fue haber realizado sus reuniones en distintas partes del mundo porque eso permitía mezclar sus conversaciones con el nuevo contexto en el que se encontraban. De igual forma, asegura que haber conocido a Kaija de manera personal es algo que lo hizo crecer como artista y como persona.

Un tema que resulta complicado al momento de trabajar en las artes es que la visión del maestro termine por plasmarse en el trabajo del discípulo. Sin embargo, asegura que ella era muy respetuosa de su estilo y que, por lo mismo, no trabajaban en piezas nuevas sino en aquellas en las que ya estuviera plasmado su sello, piezas acabadas que analizaran como un diálogo y no a manera de clase.

“Generosa” es como Vasco describe la experiencia de trabajar al lado de la compositora finlandesa, pues considera que ella realmente se abrió para compartir su visión, su conocimiento, sus consejos y sus contactos. Algo que resulta importante de este programa artístico es que no se limita a los mentores, sino que se trata de crear una red de networking que facilite la promoción de nuevos artistas, que expanda el talento a otras latitudes y que, por lo mismo, el arte continúe creciendo y tocando más vidas.



Vasco afirma que lo que más puede ayudar a un artista a crecer es enseñarlo a cuestionarse a sí mismo, a poner su propio trabajo en tela de juicio y esa es una lección que aprendió de Kaija. Tomar su pieza terminada y realizar las preguntas adecuadas para encontrar sus partes más débiles y las más fuertes y entonces descubrir en dónde hay que trabajar. Revisar una obra después de terminarla con humildad y estar abierto a encontrar sus defectos es lo que hace una obra maestra.

Y aunque el año de trabajo en conjunto llega a su fin algo que destaca de este programa de Rolex es el apoyo económico que le dan a los discípulos para garantizar que su arte deje huella en la disciplina en la que se encuentran. Durante el año de trabajo reciben una beca de 25,000 francos suizos y al concluir el año reciben una segunda suma de 25,000 francos suizos para financiar una obra.

Autor: Christin Parcerisa

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